El viaje de Arlo, Pixar repite fórmula pero no resultado

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Cuando Disney reveló públicamente en 2011 la producción de una película de dinosaurios en manos de Pixar, muchos no pudimos ocultar nuestra emoción. La calidad del alabado estudio de animación, que nació y creció junto a muchos de nosotros durante los 90, ha superado todas las barreras que había de superar para hacerse un hueco en la historia del cine. Por eso muchos simplemente no podíamos esperar.

Pero lo hicimos. Esperamos. Y lo cierto es que bastante, además. El proyecto, iniciado en 2009, no fue anunciado hasta 2011 con el confuso título de The Untitled Pixar Movie About Dinosaurs. En 2012 el estudio lo pensó mejor y llamó a la película The Good Dinosaur. Después habría cambios en la dirección, en la producción, en el guion y hasta en el reparto original, pocos meses antes de su estreno en EE. UU. A este lado del charco, por otro lado, pasamos de conocer la película como Dinosapiens a hacerlo como El viaje de Arlo, lo que despertó ya un cierto escepticismo. Aunque la traducción de los títulos es un misterio digno de Cuarto Milenio, ¿por qué tantos cambios?, ¿por qué tan tarde?

El viaje de Arlo cuenta la historia de un joven y miedoso apatosaurio cuya familia le insta a cambiar, a ser valiente y a enfrentarse al mundo que lo rodea. Un día, sus reservas de comida son atacadas por un animalillo omnívoro desconocido, y Arlo es el encargado de darle caza. Pero cuando por fin logra capturar al misterioso ser (que resulta ser un niño humano, salvaje y de comportamiento similar a un perro), lo compadece y deja marchar. Esa noche, el padre de Arlo lo lleva a las montañas para seguir el rastro de la criatura, pero se desata una terrible tormenta y solo Arlo logra sobrevivir. Así, motivado por el resentimiento y la culpa, Arlo se escapa de casa para encontrar al ser que no pudo matar, y en quien focaliza todos sus pesares.

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Uno de los primeros concept art que Pixar reveló durante la producción.

El afán de superación, el viaje del héroe, la aceptación del dolor y de la pérdida y la forja de la amistad son los temas transcendentales y vertebrales de El viaje de Arlo, todos archiconocidos y archiexplotados se mire donde se mire. El problema, sin embargo, no es que el argumento de la película sea previsible, sino que ninguno de estos elementos es tratado con el más mínimo atisbo de originalidad. El problema no es que El viaje de Arlo recuerde a En busca del valle encantado en estructura y desarrollo , sino que trate de imitar algo que ya vimos hace un cuarto de siglo y no se moleste en añadir nada nuevo digno de mención.

Los intentos vanos del argumento por presentar un mundo diferente en el que los dinosaurios sobrevivieron a la extinción y son hoy día seres inteligentes, sedentarios y que cultivan y tienen rebaños de otras criaturas para alimentarse, es al final una mera excusa extraña y ambigua. ¿Con qué fin El viaje de Arlo crea unas premisas tan concretas? ¿Sirve ver a un grupo de tiranosaurios vigilando un rebaño de búfalos para algo más que para hacerles a los niños del mundo un cacao evolutivo tremendo en la cabeza? Podría, si la trama quisiera hacerlo, pero no es el caso. Pixar podría haber contado toda una historia de amistad entre Arlo y Spot (el niño humano) sin necesidad de crear un universo que no tiene la suficiente fuerza. Y es una pena, porque en esta película nos encontramos al mejor Pixar técnico que hemos visto nunca. Las imágenes, la estética, los colores, la música, la fluidez de la animación, el diseño de los personajes, la ambientación… Todos y cada uno de los elementos audiovisuales de El viaje de Arlo constituyen la cima técnica de Pixar…, pero nada más.

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Al menos los raptores tienen plumas, fidelidad científica de la que pocas películas de dinosaurios pueden presumir.

Innecesaria, olvidable, predecible… El viaje de Arlo podría definirse de muchas formas, pero en cualquier caso la taquilla y la crítica han sido unánimes. Se suma a la pequeña pero mensurable lista de intentos fallidos de Pixar, aunque en esta ocasión tan solo unos meses después del éxito rotundo y sin parangón de Del revés (Inside Out). Bien es cierto que ningún estudio, sea de animación o no, debe hacer y hace únicamente obras maestras, y tampoco sería justo que le exigiéramos algo a Pixar que no le hemos exigido nunca a Disney o Ghibli. Entretenimiento sencillo y nostalgia a nuestra infancia, eso es lo único que puede ofrecer El viaje de Arlo, al menos al público adulto o seudoadulto. Pero el caso es que a veces voy al cine en busca de algo más, no solo de una excusa para pasar dos horas de mi vida. Y aquí es donde El viaje de Arlo fracasa estrepitosamente.

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Lo mejor: a mi sobrina de 4 años le encantó.

Lo peor: es una remake de En busca del valle encantado pero sin carisma, a medio gas y 25 años después.

Nota: 5.