Realidad VS Ficción

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Lo siento*

Pasa el tiempo, pasas tú.

Al cabo de semanas, meses, años quizá, vuelves a ese lugar manchado de recuerdos, te vuelves a sentar en esa silla, en esa cama, vuelves a reconquistar tu habitación o a andar las calles de la que antaño fue tu ciudad. Y entonces te preguntas: ¿Qué ha cambiado?

Déjame que te conteste: tú.

Puntos de referencia, épocas memorables, historias marcadas con un principio y un final. A menudo no nos conformamos con el presente y decidimos viajar. No me refiero a abrir un buscador y tirar de tarjeta para comprar el primer vuelo low cost que se nos ponga delante. No. Me refiero a otro tipo de viaje. Uno para el que no hace falta salir de casa, gastar dinero o recorrer miles de kilómetros. Solo cerrar los ojos.

Hazlo. Cerrar los ojos, quiero decir. Haz memoria. Recuerda aquel momento especial, aquel beso bajo la lluvia o aquellas risas perdidas en la madrugada de un portal. Teletransporta tu cuerpo a través de los años y rodéalo de voces que suenan tan vívidas en tu cabeza como si las volvieras a escuchar. Sobrevuela esos mundos que hace años consiguieron borrar el mañana de tu mente y llenarla de felicidad. Siente en la punta de los dedos las texturas y el calor. Imagina estar de nuevo con los que ya no están. Rememora la alegría, la pena, el dolor. Pero no llores. Sé fuerte.

Porque al fin y al cabo tú no tienes la culpa de nada. Hollywood, J. K. Rowling, Alaska y Mario, Lena Dunham, las comedias románticas con final feliz, Steven Spielberg, Almodóvar, Murakami, la Coca Cola, el anuncio de la Lotería de Navidad y un millón de personas, cosas e industrias más, todos ellos son los responsables directos de lo que te pasa, de cómo te sientes, y de cómo crees que te deberías sentir. Tú no. Tú no tienes la culpa de que el mundo te ponga un espejo delante y te convierta en tu peor enemigo. Tú no eres el antagonista de tu propia historia, no el que ha puesto en tu interior tanto miedo, tanta duda, tanta frustración. Recuérdalo. Dilo en voz alta una y otra vez. Repítelo hasta que lo asimiles, hasta que lo creas, hasta que sepas que es verdad.

¿Qué es la vida?

Te ríes. Suspiras. Me dices que menuda pregunta, que cómo vas a saber tú eso. Y te doy la razón. Pero te diré algo más: la vida no es lo que nos han contado. La vida no es un frenesí o una ilusión, ni siquiera una sombra o una ficción. La vida es esto. Tócalo. Abre los ojos. Respira muy hondo y no sueltes el aire. Escucha las hojas crujir y ser arrastradas por el viento. El repiqueteo de una ventana mal cerrada. Los pitidos de los coches. Pasos y carreras por baldosas de cualquier color menos amarillas. El borboteo de una fuente. Pájaros a tu alrededor. Luz y calor. Abrazos inesperados. Caricias furtivas. Besos robados, perdidos y encontrados. Miradas paralizadas en el tiempo para siempre. Y por supuesto tú.

Aterriza, aterriza de una vez. Despréndete de máscaras y maldiciones. Enfréntate a la realidad, explótala, vívela, destrúyela y vuélvela a construir de nuevo si es preciso. Recuerda los sueños con nostalgia, pero déjalos marchar.

Y vive.

No te lo repetiré.

En tu mano está imitar las vidas de otros persiguiendo en vano unas metas autoimpuestas, o aprovechar el tiempo que te ha sido dado y disfrutarlo y aprovecharlo y hacerlo tuyo.

Porque no volverá.

*Es inexcusable este paréntesis de tiempo sin actualizar el blog, así que solo puedo pedir perdón, decir que me he equivocado y asegurar que no volverá a ocurrir 🙂
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