Spectre: la fórmula del éxito sigue brillando, pero menos

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Resulta inútil decir que la saga de James Bond tiene los días contados cuando su vigesimocuarta y última entrega lleva recaudados, apenas tres semanas después de su estreno en Reino Unido e Irlanda y dos en el resto del mundo, más de quinientos millones de dólares. Igual de vano que teorizar sobre el futuro de la saga, sobre si este episodio ha estado a la altura de los precedentes o sobre si Daniel Craig o Sam Mendes repetirán en la interpretación principal y dirección, respectivamente. Es evidente que el público sigue estando por la labor de consumir este tipo de filmes, que la industria cinematográfica aún tiene talento y creatividad suficientes como para explotar la inextinguible vida del agente secreto británico más famoso de todos los tiempos, y que una fórmula tan antigua y repetida como la de la franquicia Bond, si bien ejecutada, va acompañada de éxito le pese a quien le pese.

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Bond de paseo por los tejados de México D. F.

Eso no quiere decir ni muchísimo menos que Spectre sea una película perfecta. Si bien Skyfall sorprendía hace tres años con más aciertos que errores en su haber, esta última entrega no corre la misma suerte. Mendes ejecuta un arranque espectacular en Spectre, con unos primeros minutos de infarto en el corazón de México D. F. durante la celebración del Día de los Muertos. La extensión del plano secuencia, la enormidad del entorno, la cantidad ingente de extras y la argucia técnica de la persecución-huida de Bond y Marco Sciarra entre la multitud nos dan una pista sobre lo que rezuma a evidencia durante toda la película: no han reparado en gastos. Spectre es cara, carísima, y en cada secuencia se percibe esa antiausteridad, esa búsqueda de la perfección, del detalle y del cuidado de la fotografía. Se nota y se agradece, sí, pero no es suficiente. Pronto ese alarde de presupuesto queda ensombrecido por un Bond perdido que vaga por media Europa y África en pos de una misión que la fallecida «M» le envió por correo poco antes de morir.

La ausencia de Judi Dench es difícil de sobrellevar, a mi humilde parecer. Sin intención de menospreciar al gran Ralph Fiennes en el papel de nuevo jefe de Bond, Dench llenaba la pantalla de un modo especial, y me atrevería a decir que gran parte del éxito de Skyfall residió en el sucinto papel que tanto ella como Craig hacían; eran las dos caras de la misma moneda, eran un equipo. Y Bond, en Spectre, como ya he dicho, está perdido, sin equipo, sin misión, sin nada. Hay otros personajes, por supuesto, como una nueva y joven chica Bond, interesante aunque demasiado intensa, incluso estúpida en ocasiones, extremadamente temeraria por momentos y sin embargo de pronto débil. Creo que el personaje de Léa Seydoux no está del todo bien definido, y que en algunas de sus decisiones o reacciones poco verosímiles se sustenta el hecho de que el espectador desconecte de la película. En contrapartida, el antagonista de Spectre es de manual, tan enigmático, aterrador y desconocido que resulta imposible no sentirse inhumanamente atraído por él, en tanto en cuanto pone los pelos de punta. Christoph Waltz está espléndido en el papel, y se percibe en la pantalla cómo goza al interpretar un malvado de altura.

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Realmente bueno el juego de luces y sombras que oculta el rostro de Christoph Waltz poco antes de desvelar la identidad de su personaje.

Y poco más. La historia navega a ratos entre tintes conspiranoicos a lo 1984 de George Orwell y entre el más puro estilo El caso Bourne, llevando a los protagonistas de ciudad en ciudad mientras deshilvanan poco a poco las pistas que los llevan hasta la espeluznante organización secreta llamada Spectre. Hay cosas buenas y cosas malas en el trayecto, persecuciones realmente conseguidas y momentos inolvidables (como el de Roma, cuando Bond descubre dónde se reunirán los miembros de Spectre tras el fallecimiento de Sciarra), pero lamentablemente también hay largos episodios seudorománticos demasiado tediosos para un servidor, y giros inverosímiles como el hallar habitaciones secretas dentro de un hotel, o como que en apenas unas horas los sentimientos de la chica Bond cambien tanto como el día y la noche.

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“¿Dónde coño estamos?”.

«Es una película, al fin y al cabo, es ficción», me diréis, pero ello no tiene por qué ser excusa para la inverosimilitud o, aún peor, el tópico. Ni aunque la película pertenezca a la franquicia de James Bond. Spectre es correcta, lo reconozco, entretenida, trepidante, y funciona, pero no consigue superar el lastre de una inmediatamente anterior muy superior parte. Skyfall podía presumir con más razón de originalidad y buen gusto donde Spectre solo puede hacerlo de romper huesos y enamorar a jovencitas. Ambas son buenas películas, cumplen su función, ni Spectre es tan mediocre ni su predecesora tan brillante, pero las comparaciones son inevitables, odiosas quizá, pero inevitables. Y de este asalto Spectre sale con dignidad, con la garantía de dejarse ver y de ofrecer a ratos un entretenimiento de calidad, pero sin la victoria.

 

 

Lo mejor: el comienzo.

Lo peor: la súbita historia de amor y que no haya un hilo conector vertebrando la trama, sino solo un salto continuo de personajes en el espacio y en el tiempo buscando lo inefable.

 

 

Nota: 6.

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